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01/08/2016 12:00

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la posesión del Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez

1 de agosto de 2016


Desde la vigencia de nuestra actual Constitución –que acaba de celebrar sus primeros 25 años–, una de las posiciones más importantes y con una misión de mayor impacto en la sociedad es la de Fiscal General de la Nación.

Del Fiscal depende nada menos que la ejecución de la política criminal del país, es decir, que haya la mayor eficiencia y eficacia en la investigación del delito y la persecución de los delincuentes, con lo que esto significa para la seguridad y la tranquilidad de todos y cada uno de los colombianos.

Por eso hoy me siento muy satisfecho al poder posesionar como cabeza de la Fiscalía General de la Nación a una persona que –como Néstor Humberto Martínez– cuenta con las mejores cualidades para desempeñar este cargo con probidad y con éxito.

El doctor Néstor Humberto fue elegido a través de un procedimiento transparente –desde la nominación de candidatos por la Presidencia hasta su elección por la Corte Suprema–, y tengo la certeza de que será un Fiscal de lujo para Colombia.

Valga resaltar la calidad de los otros miembros de la terna: el exministro Yesid Reyes y la doctora Mónica Cifuentes, dos juristas que compitieron con altura por esta dignidad.

Es casi redundante hablar de la preparación y experiencia de Néstor Humberto Martínez, pues su trayectoria la conoce bien el país.

Un abogado brillante –orgulloso javeriano– que ha trasegado por la vida pública y el ejercicio de su profesión con sello de excelencia.

Fue Superintendente Bancario, miembro de la Junta Directiva del Banco de la República, Ministro de Justicia y el Derecho, Ministro del Interior, Embajador en Francia y –más recientemente– Ministro de la Presidencia, una posición desde la cual me ayudó con su capacidad de trabajo y su consejo siempre oportuno en la difícil y apasionante tarea de gobernar.

Ahora, apreciado Néstor Humberto, llega usted a una entidad desde la cual puede seguir sirviendo a Colombia, y en grado sumo.

Le esperan muchos desafíos, y estoy seguro de que saldrá airoso de ellos, y que podremos colaborar armónicamente –como corresponde– la rama Ejecutiva y la Judicial –en este caso la Fiscalía– para mejorar cada vez más el servicio de justicia a los ciudadanos, y afianzar la seguridad y la tranquilidad en el país.

Déjeme mencionar apenas algunos de ellos…

Tenemos que consolidar una política criminal –y aquí contará con todo el apoyo del Gobierno– en la que sea racional el uso de la pena y la detención preventiva, y en la que el peso de la ley y del castigo recaiga sobre los eslabones más fuertes del crimen.

Hay que avanzar para que el derecho de acceso a la justicia se haga una realidad para todos los colombianos, asegurando la respuesta pronta de la acción penal frente a los diversos delitos que cotidianamente afectan a los ciudadanos, a la gente de a pie.

No hay derecho a que todavía hoy se presenten casos en que en una denuncia por hurto –para dar un ejemplo– pasen meses, o incluso años, antes de que la víctima sea llamada al siguiente paso, que es la ampliación de su denuncia.

Tenemos que recuperar la confianza de la gente en su justicia. Que se sientan acompañados, respaldados, atendidos oportunamente.

Y, sobre todo, que sientan que vale la pena denunciar porque su denuncia tiene efectos, y sirve para capturar y sancionar a los responsables.

Un tercer desafío de su periodo en la Fiscalía, doctor Néstor Humberto, será articular esfuerzos con el Gobierno nacional y con los diversos actores del sistema de justicia para definir el Plan Decenal de Justicia –en cumplimiento del artículo 108 del Plan Nacional de Desarrollo–, con un enfoque dirigido a hacer efectivos los derechos humanos.

Porque la justicia –al fin y al cabo– es eso: es garantizar y proteger los derechos de los colombianos a la vida, a la integridad personal, a la libertad, a la propiedad, al buen nombre, entre otros.

Tendrá usted un reto muy especial –que no ha tenido ningún otro Fiscal y que corresponde al momento tan especial por el que atraviesa nuestro país–: brindar la colaboración necesaria para coordinar la actividad que viene desarrollando la Fiscalía con la futura Justicia Especial para la Paz, en cumplimiento del Acuerdo que se logre en La Habana.

Usted lo ha dicho –y cito sus palabras–: “Ésta será la Fiscalía del posconflicto. Vamos a aclimatar los tiempos de paz, que es el propósito que hoy tiene la Nación entera”.

La contribución de la Fiscalía para recaudar, organizar y entregar a la justicia transicional la información y pruebas sobre los hechos ocurridos con ocasión del conflicto armado, será crucial para garantizar que NO haya impunidad sobre los delitos de mayor gravedad.

Y algo más: no solo servirá su gestión para que se investigue y juzgue a los responsables de estos delitos por parte de la Jurisdicción Especial de Paz, sino también para que los colombianos sepan que cualquier reincidente, cualquier disidente, cualquier persona que –luego del Acuerdo de Paz– persista en el delito, será perseguido, investigado, juzgado y condenado por la Justicia Ordinaria.

*****

Y he dejado para el final un desafío –sobre cuya importancia usted es particularmente consciente– al cual tenemos que hacerle frente con la mayor decisión, si queremos que la paz se traduzca en bienestar y prosperidad para todos.

Se trata de un reto que será esencial en los dos años que quedan de gobierno y en el periodo que se abrirá del posconflicto, y que será para usted –doctor Néstor Humberto– la medida de su éxito.

Me refiero a la lucha contra el flagelo de la CORRUPCIÓN.

Esta es una prioridad del Gobierno y tendrá que ser una prioridad de la Fiscalía, de los órganos de control, y de toda la sociedad.

Así lo hablamos cuando lo postulé –como lo conversé también con los otros juristas ternados–: nuestro enemigo número uno, el enemigo de los colombianos, es LA CORRUPCIÓN.

Ahora que se nos presenta esa gran oportunidad de la paz, lo invito, señor Fiscal General, a que trabajemos de la mano para combatir a los que roban el erario, es decir, el futuro de los más pobres y necesitados del país.

p>Y a que recuperemos esos dineros que los corruptos roban a los ciudadanos.

 

Hay muchas cosas que estamos haciendo –y que podemos hacer mejor juntos– sobre las que quiero llamar la atención.

En primer lugar, quiero que tenga la seguridad de que puede contar con el Gobierno nacional –y la Secretaría de Transparencia, que usted conoce tan bien– para formar un verdadero equipo, eficaz, contra la corrupción.

La Secretaría genera política pública contra la corrupción, maneja y analiza la información del Observatorio Anticorrupción, y recibe alarmas tempranas sobre posibles fraudes al erario, y seremos mucho más exitosos si trabajamos juntos.

Y tengo que ser franco: llevamos varios años ya en que no se ha logrado esta colaboración armónica –como debiera ser– por pugnas y diferencias entre las cabezas de los organismos de control que hacen parte de la Comisión Nacional de Moralización, una situación que esperamos comience a corregirse.

El Observatorio Anticorrupción –volviendo a lo que hace la Secretaría de Transparencia–, que fue creado en el año 2011, ha establecido que, desde entonces, se han presentado unas 1.800 sentencias condenatorias por delitos contra la Administración Pública, que, básicamente, son delitos de corrupción.

Pues bien, las conclusiones no son alentadoras.

De los condenados por corrupción en este tiempo, prácticamente la mitad no ha pagado ni un solo día de cárcel.

Una cuarta parte ha recibido el beneficio de detención domiciliaria, y otra cuarta parte sí fue a prisión, pero con un tiempo promedio que NO supera los 30 meses.

El mensaje que esto manda a la sociedad es pésimo, pues nos dice que ser corrupto paga, porque las condenas son suaves o no se cumplen tras las rejas.

Y nos dice que todo el trabajo de la fuerza pública y la justicia NO se está traduciendo en sanciones reales, efectivas, que disuadan a los que piensen en robar dineros públicos.

Señor Fiscal: tenemos que revisar el sistema de beneficios por colaboración y las rebajas de penas por diversas causales, para corregir este mensaje a la sociedad.

No hablo de desmontarlo, pero sí de lograr que los corruptos –como debe ser– paguen su conducta antisocial con condenas efectivas y ejemplarizantes.

Es muy importante –en la lucha contra la corrupción y contra todos los delitos– el trabajo conjunto de la Policía, en particular la DIJIN, con la Fiscalía.

Fortalezca usted su entidad, señor Fiscal, que nosotros fortalecemos la DIJIN, y pongámoslas a trabar en armonía para lograr los mejores resultados.

Y una idea que le propongo respetuosamente es que se cree una Unidad Nacional Anticontrabando en la Fiscalía, pues este delito se está convirtiendo en un flagelo mayor contra la economía y contra el empleo, que debemos combatir con todos los medios.

Y necesitamos respuestas, señor Fiscal, ¡urgen respuestas!, en casos emblemáticos que generan –con razón– la indignación de la ciudadanía.

Casos como los de Saludcoop, Caprecom e Interbolsa siguen estando en la palestra pública sin que sintamos que los responsables hayan respondido –como deben– frente a aquellos a quienes defraudaron.

Tenemos que llegar hasta las últimas consecuencias –también– para determinar qué pasó con los recursos de los Juegos Deportivos Nacionales –concretamente en Quibdó e Ibagué–, que no se convirtieron en los escenarios deportivos que esperábamos.

Igualmente, necesitamos del firme apoyo de la Fiscalía para combatir la corrupción en las zonas más necesitadas –y por eso más robadas– del país, como La Guajira; como el Chocó y otras regiones vulnerables de nuestra región Pacífica.

Las zonas más vulnerables del país han sido una prioridad para nuestro gobierno desde el primer día. Nunca antes se había invertido tanto en ellas.

En el caso específico de La Guajira, este departamento seguirá siendo una prioridad –con o sin órdenes judiciales– porque somos conscientes de que necesita de la acción urgente y permanente del Estado y de toda la sociedad.

Acompáñenos, señor Fiscal –junto con el Gobernador encargado y que limpie todo lo que hay que limpiar,  el Secretario de Transparencia– a rescatar a La Guajira de las manos de aquellos que han tenido el atrevimiento de robarse hasta la comida de los niños.

Y le pido, además, teniendo en cuenta la gravedad de la situación, que se designe –ojalá como uno de sus primeros actos- un Fiscal Especial para La Guajira.

¡Que paguen los culpables! ¡Y que sepan que al pueblo NO se le roba impunemente!

Y valga resaltar que el posconflicto requiere también de una agenda de transparencia que dé tranquilidad a los colombianos sobre su debida implementación. Si firmamos la paz, comienza todo un proceso que requiere de la confianza y transparencia por parte de quienes la ejecutan, y que la gente vea que así es.

Desde hace un tiempo di instrucciones al Alto Consejero para el Posconflicto, también a la Secretaría de Transparencia para que trabajen un Plan de Transparencia para el Posconflicto, que además, los cooperantes, todos estos países que nos están ayudando lo exigen, y quiere que sea así para dar más recursos.

Porque la experiencia en muchos países es que en el posconflicto se genera mucha corrupción. Aquí vamos a evitar que eso sea así. Y ahí va ser muy, muy valiosa la ayuda, la colaboración y la presencia de la Fiscalía.

De hecho, ahora mismo, cuando se debate en La Habana el último punto de la agenda –que es precisamente la implementación de los Acuerdos–, se están discutiendo mecanismos para garantizar la transparencia y la integridad en la etapa del posconflicto.

Por nuestra parte, desde el Gobierno, vamos a poner aún más fichas para profundizar la lucha contra la corrupción en todas sus facetas, porque infortunadamente aparece por todos lados.

Vamos a llevar al Congreso un proyecto de ley de protección a los aportantes de hechos de corrupción -mucha gente no denuncia por miedo- para que los ciudadanos denuncien más y lo hagan con tranquilidad.

Vamos a proponer otra ley –y esta es fruto de mi participación en la Cumbre Global Anticorrupción que se reunió en Londres hace un par de meses– para crear un registro centralizado de los dueños efectivos de las compañías, que va a agilizará la obtención de información necesaria para luchar con eficacia contra el contrabando, contra la evasión y contra el lavado de activos.

Y estamos listos para expedir un decreto que reglamenta –de forma clara y precisa– qué es lo que se entiende realmente por persona expuesta políticamente, incluyendo a personas que antes no se consideraban bajo esta condición.

¿Esto qué quiere decir o qué significa esto? Que habrá más controles por parte del sistema financiero sobre cualquier actividad sospechosa de personajes que detenten alguna clase de poder, con lo que seremos más efectivos con ese tipo de información porque así ha sido en muchos otros países en la lucha contra este flagelo.

Mi invitación, entonces, doctor Néstor Humberto, es clara, es sencilla y categórica, por el bien de Colombia:

¡Pase usted a la historia como el Fiscal de la lucha contra la corrupción!

Con eso, habrá prestado el máximo servicio a la Patria.

Y querido Néstor Humberto:

Son muchos –¡muchísimos!– los retos que hay por delante, pero tengo la certeza, porque lo conozco, lo conozco hace mucho tiempo, de que están en manos capaces.

Usted, doctor Néstor Humberto, es un hombre curtido en mil batallas que sabrá liderar una entidad tan importante como la Fiscalía, y lo hará –como corresponde– para cumplir con diligencia y eficiencia las funciones que le asigna nuestra Constitución. Ni más ni menos.

A usted –que conoce el poder desde dentro– NO se le subirá el poder a la cabeza.

Y tampoco hará de su cargo una plataforma para una candidatura presidencial.

Usted se dedicará a ser Fiscal –un buen Fiscal–, y eso es lo que la Patria hoy le demanda y mañana le agradecerá.

Doctor Néstor Humberto ¡Buen viento y buena mar!

¡Y que tiemblen los corruptos y toda clase de delincuentes que atentan contra los colombianos!

Muchas gracias.